domingo, agosto 07, 2016

La nota discordante


"El bosque sería muy triste 
si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen"
                                                                                                    Rabindranath Tagore

Tú no podías cantar con nosotros en el árbol
-la suma resultaba menos a tu lado-.
Nuestras sublimes notas
te llevaron al destierro.
No elegiste el vuelo;
te fuiste, sendero abajo,
con tu caminar de barrenderas alas.
Cantábamos en tu vacía rama
-de reojo-
escuchábamos de vez en cuando
tu ausente trino.
Disonabas;
por eso nadie salió a buscarte
y en nuestra más alta nota
nos ahogamos de llanto.

sábado, abril 30, 2016

Robo a mano armada



Qué bueno que todos se fueron
me dejaron contados minutos
para robarle al tiempo
algo del tiempo que me ha robado.

Si analizamos detenidamente
comprobaremos que la vida
es un robo incesante.

La semana pasada robé
un girasol de un escritorio.

El lunes robé
un caramelo del mismo escritorio.

Ayer robé
un papel del proveedor escritorio.

Hoy me robé el generoso escritorio.

sábado, marzo 19, 2016

Mar de lágrimas



Dándome palos he ido
dinámicos palos
como mi compañera sonrisa.

¿Por qué las razones quedan huérfanas?

Un cosquilleo toca la puerta de mis ojos
hay quien le llama lágrima
yo le llamo basta.

Supongo que será igual
en los azules de este lar
o en la blancura gélida
de otras latitudes.

Si es así; si una lágrima
es el vínculo idóneo
para poder entendernos.

Si tus lágrimas, si mis lágrimas
si mi aullido, si tu aullido
es de la misma sustancia
¿Por qué no abrazarnos
en el mismo mar de lágrimas?


lunes, enero 04, 2016

Primero de mayo



Estas palabras deberían tener un solo idioma:
pecho, libertad, paz, eternidad, beso…
Son palabras para describir
cuán vitales son tus manos en las mías
para maniobrar vuelos en el cielo de mi estómago.

Fui un arenal de polímeros dispersados
por los planetas de la muerte
pero la vida me tomó desprevenida
e hincó su tienda en la calle del hombre
que buscaba la juventud en una fuente.
Allí se escuchó mi grito;
SOS que competía
con las campanas en la torre ríopedrense.
En un tris de lluvia de mayo
fui socorrida por el relámpago de tus ojos,
por el equilibrio de tu ternura voraz,
por la reliquia delicada que evocas cuando no hablas.

Me mantuve en la autotrampa de mi testarudez
hasta esa destinada tarde de esquina sin salida.
La altivez de mi insensatez 
se fue con el subterráneo tren
que pasaba en ese preciso instante
del milagro de nuestra otra vez sonrisa.

A mi soberbia la coronó
un velo de añicos a chorros por la alcantarilla
se premiaba con el trofeo de la derrota.
Mi rendido rostro bajó cansado hasta el campo de guerra
y en tu pecho reaprendí el valor de la dulce derrota
cuando pierdes lo innecesario.